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El término «coaching» es de los más escuchados en la actualidad. Aunque en esta ocasión hablaremos de coaching ejecutivo, vale la pena conocer su origen. Proveniente del inglés to coach (entrenar), es un proceso interactivo de autoconocimiento y autoaprendizaje donde un entrenador ayuda a su cliente a lograr cambios positivos y alcanzar objetivos específicos, potenciando sus propias habilidades y recursos disponibles.
Datos clave
- El coaching ejecutivo es un proceso de entrenamiento personalizado que ayuda a los líderes a perfeccionar su toma de decisiones y la gestión de sus equipos.
- El 86% de las empresas que contratan estos servicios reportan un retorno de inversión positivo en sus resultados de negocio.
- La falta de herramientas de liderazgo y comunicación interna afecta negativamente al 45% de las organizaciones en España.
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Existen diferentes ramas del coaching según el ámbito de aplicación y el tipo de objetivos fijados. Aun así, podemos decir que, en todos los casos, resulta altamente beneficioso para aprender a gestionar las emociones, impulsar el bienestar personal y mejorar la calidad de vida.
En este artículo trataremos las distintas cuestiones relacionadas con el coaching ejecutivo, su ámbito de aplicación y los beneficios que puede aportar a tu empresa.
Para entender mejor cómo funcionan los planes de carrera, te dejamos este vídeo donde lo explicamos paso a paso.
Qué es el coaching ejecutivo?
Resulta interesante partir de la definición general de coaching propuesta por la Asociación Española de Coaching, que dice: “El Coaching profesional es un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío existente entre dónde está una persona ahora y dónde desea estar”.
A partir de aquí, y dentro de los distintos tipos de coaching, encontramos el coaching ejecutivo, que tiene como principal característica el hecho de que el coachee es un ejecutivo, entendido este como un trabajador con un cargo lo suficientemente alto como para exigirle responsabilidad en la toma de decisiones y, sobre todo, que tiene un equipo bajo su mando para la consecución de los objetivos propios de su área.
En este ámbito, se buscará potenciar la escucha activa y las habilidades propias para optimizar la toma de decisiones y la forma en que se abordan las necesidades de los colaboradores. También es frecuente recurrir a este tipo de coaching para gestionar situaciones estresantes o de gran tensión, o para mejorar la seguridad en uno mismo frente a los desafíos laborales.
Retomando la importancia del objetivo central, que consiste en generar un cambio en el comportamiento y en la perspectiva de la realidad, es habitual que el coaching se base en el establecimiento de una estrecha relación de colaboración entre el coach y el coachee.
El primero, lejos de ser un psicólogo, mentor o consultor que le dice qué hacer, tendrá la función de facilitar y guiar el aprendizaje del segundo a través de ejercicios, preguntas poderosas, indagaciones y la evaluación de alternativas.
Diferencias entre el coaching personal y ejecutivo
Si bien parten de la misma base, existen importantes diferencias en cuanto al ámbito de aplicación, la perspectiva y los objetivos que se pretenden conseguir.
El coaching personal es, por definición, aquel que se orienta a personas que quieren mejorar en algún aspecto de su vida, ya sea en el plano interno, familiar o profesional. Como su nombre indica, es personal y, por tanto, automotivado (será la propia persona la que contacte con el coach para iniciar su proceso).
Los vínculos que aquí entran en juego pertenecerán al ámbito más íntimo y cercano, a saber: la pareja, los amigos, los familiares o los referentes. Siguiendo esta línea, los problemas o situaciones que se busca mejorar girarán en torno al desarrollo de competencias personales, la resolución de conflictos con alguno de sus vínculos, el reconocimiento y cambio de las propias creencias limitantes o valores, así como la búsqueda de un propósito que se alinee con el trabajo. Esto se traducirá en una mejor calidad de vida o en un mayor bienestar personal.
Si bien puede que se toquen temas que relacionen a la persona con su trabajo y cómo se resignifica en este ámbito, vemos que este no es necesariamente el centro del proceso.
El coaching ejecutivo, por otro lado, se centra en lograr objetivos meramente en el plano profesional, ofreciendo herramientas para mejorar el autoaprendizaje y aprender a gestionar diversas situaciones que la persona pueda estar atravesando en relación con la empresa.
En este tipo de coaching se ponen en valor los vínculos laborales y las sinergias profesionales por encima de otro tipo de lazos más íntimos (como sucede en el coaching personal). De ahí que los objetivos puedan ir desde maximizar los ingresos y mejorar la productividad hasta aprender a gestionar un equipo intercultural, controlar el estrés o navegar en tiempos de incertidumbre.
Otra diferencia significativa es el hecho de que será la empresa u organización la que busque y contrate los servicios de un coach para que ayude a un directivo o alto ejecutivo a mejorar profesionalmente. Aquí deberíamos separar las nociones de cliente y «coachee», ya que, en este caso, la persona que contrata es diferente de la que recibirá el servicio.
Las personas receptoras de este tipo de coaching suelen tener cargos importantes dentro de la compañía (directivos, empresarios o gerentes de alto rango), en otras palabras, personas con poder de decisión que pueden influir en el rumbo de la empresa. Este suele ser motivo suficiente para que las organizaciones quieran invertir en este tipo de servicios con el fin de acompañar el desarrollo profesional y aumentar el rendimiento de la organización.
Beneficios del coaching ejecutivo
El coaching ejecutivo, como ya hemos visto, se reserva para altos cargos con poder de decisión y grandes responsabilidades. Veamos ahora algunos de los beneficios que supone para la organización:
Mejora de la comunicación interna
La comunicación es el motor de todo grupo humano y de toda organización. Mejorar la forma en que se comunican los cambios o las directrices, gestionar reuniones, escuchar ideas, canalizar las quejas y crear nuevas sinergias son algunos de los beneficios en materia de comunicación interna.
Claridad en la toma de decisiones
Los objetivos de los empleados y los de la empresa deberían estar alineados para garantizar el éxito y la supervivencia de la organización. Más aún cuando se trata de altos ejecutivos, cuyas decisiones tienen un mayor impacto. En este caso, el coaching ayudará a tomar mejores decisiones ante diversas circunstancias que supongan tensión, una gran responsabilidad o, incluso, momentos de cambio.
Potencia el liderazgo
Hay empresas que se encuentran con esta necesidad emergente. Ya sea porque los directivos carecen de liderazgo, porque la estructura organizativa no lo permite o porque los desafíos actuales resultan incompatibles con el tipo de liderazgo presente, el coaching ejecutivo será de gran valor para fortalecer el liderazgo interno.
De igual manera, puede tener un gran impacto en la forma en que se relacionan los líderes con sus equipos, sobre todo en la comunicación, la delegación de tareas y la identificación de fortalezas y áreas de mejora.
Ayuda a utilizar los recursos existentes de forma eficiente
Otro de los beneficios que se desprenden de los anteriores consiste en comprender la mejor manera de utilizar los recursos de la empresa para incrementar las ganancias. Esto implica trabajar de forma inteligente, optimizando los recursos existentes y utilizándolos de tal manera que se aumenten los beneficios.
Mejora el rendimiento del ejecutivo
Cuando las cosas van bien, incluso podrían ir mejor. Decimos esto porque, aunque la empresa y su personal cuenten con las habilidades necesarias para el correcto funcionamiento, sin duda encontraremos áreas de mejora en la priorización de tareas, los tiempos de ejecución, la consecución de metas, etc. Aquí, el coaching también pasa a ser una herramienta de gran utilidad.
Cuándo es necesario el coaching ejecutivo?
El coaching directivo o ejecutivo busca gestionar cambios en la empresa a través de las personas clave, y también supone una inversión y una apuesta de la organización por sus empleados. Si bien suele ser común en casos de bajo rendimiento, problemas o crisis emergentes, podremos identificar áreas de mejora en prácticamente cualquier momento de la vida de la organización. Algunos de ellos son:
- Cuando no hay una buena comunicación o el directivo no da cabida a las ideas y colaboraciones de forma activa.
- Ante la inseguridad a la hora de tomar decisiones.
- Si el ejecutivo demuestra falta de confianza en su equipo o, incluso, dificultades para delegar tareas.
- Cuando se necesita trabajar en profundidad la autopercepción y la inteligencia emocional para mejorar las relaciones dentro de la organización.
- Cuando se ve amenazado el buen flujo de la comunicación interna.
- Para gestionar la ansiedad, el estrés y los bloqueos que impidan alcanzar los objetivos.
- Cuando la empresa experimenta una falta de compromiso por parte de sus empleados o de fidelidad hacia su equipo y su responsable.
- Cuando se alcanzan niveles tóxicos de competitividad en detrimento de la colaboración para lograr las metas.
- Cuando el ejecutivo no es capaz de sacar lo mejor de su equipo y potenciarlo.